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Lunes, 08 de Octubre de 2012 19:09

Alicia Sornosa está en Los Angeles, pero ésto es lo que le pasó en Australia:

por  Jaime Sornosa
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¡¡Me han robado!!!

¡Me habían robado!, llegué agotada a la gasolinera y eso que solo llevaba dos horas conduciendo, pero dos horas luchando contra el vendaval: la moto de lado, yo medio fuera y cada vez que me adelantaba o pasaba en contradirección un camión de estos con sus 10 ruedas, la moto me daba banzazos hasta estabilizarse, ¡que cansancio! Pero tenía que llegar a Colac al menos, es la mitad del camino de los 500 km hasta Melbourne. Lo único bueno, volví a pensar, es que no llueve como ayer.

Por el camino a Colac

Paré en una gasolinera de un pequeño pueblo. Todo era como de una película de Almodóvar, pero a la australiana. Los surtidores de dos colores, rojo y negro. Busco el octanaje pero no lo veo. Supongo que el negro es diésel, pero quiero saber qué tipo de gasolina voy a echar a Descubierta. Llega un señor en una camioneta pick up (todos usan esas camionetas allí, observo) es un tipo alto, con la cara curtidísima, le faltan dos dientes, le pregunto por el octanaje y no me entiende, yo a él, tampoco, le doy las gracias, me mira extrañado y yo a él. Segunda intentona con otro tipo de las mismas características, pienso que falta un buen dentista en esta zona. Nada, al final, por puro aburrimiento, echo la gasolina que sale del tubo rojo, peor que lo que ha bebido Descubierta en África, no va a ser, me digo.

Entro en la pequeña tienda de la gasolinera. Tiene un microondas y un muestrario de rollos y salchichas grasientas. Huele a comida, a pizza y eso también me recuerda que solo llevo un calfelín en el cuerpo, debería comer. Cuando voy en ruta no me acuerdo ni del hambre. Espero mi turno mientras observo, un hombre grande, con el pelo rubio y barba, pintas de mecánico, debe ser el dueño, que trabaja en el taller pegado a la tiendecita. Un chico joven, grandón y con una sonrisilla absurda en la cara. No quita ojo a la cajera, una chica rubia y delgada que esconde su trozo de pizza cuando se acerca el cliente.

En el camino 2

Me toca, la rubia me sonríe, me dice el precio en un inglés indescifrable, menos mal que puedo pagar con la tarjeta y no me tengo que poner a contar billetes. Pero, no encuentro las tarjetas, me las he dejado en la moto? Que raro, en el TOP Case no suelo llevar el dinero. Pido disculpas y salgo, busco, no encuentro, me vuelvo a remirar los bolsillos, el monedero…nada. La cara de alegría se me va transformando en cara de cabreo, ¿donde lo habré puesto? Vuelta a mirar en la moto, en la bolsa amarilla de la ropa, en el sobredepósito. Nada. NADA.

Vuelvo a la tienda con los ojos a puntito de explotar en lágrimas, ME HAN ROBADO, joder, joder y joder, el puto pueblo de las señoras con mostacho!! Pero cuando…?
Pido disculpas por enésima vez y además, ayuda. Se apiadan de mi cuando saco unos billetes y pago mis litros de “nafta”. El chico joven sigue con esa sonrisa estúpida en la cara y yo pensado que me han robado. Por Dios, no te sonrías, estoy a miles de kilómetros de mi banco y no tengo más dinero que el que escondo para emergencias en mi chaqueta. El pollo sigue sonriendo, me mira, mira a su padre, mira a la rubia…sonríe.

Les pido que llamen al hostel, hay un contestador y hasta las cuatro de la tarde no abren la recepcción, que raro, les dejo un mensaje con lo que me ha pasado en susodicho contestador. Siguiente paso, llamar a Visa, menos mal que tiene un numero gratuito y me atienden, a la media hora de estar colgada del teléfono y con la oreja ardiendo, pero en español. Mientras ya se de qué va el muchacho, es un poco bobo, va detrás de la rubia, le lleva regalitos absurdos mientras mira de reojo al padre. La rubia lo aguanta por no perder el trabajo, él es inofensivo y el padre hace la vista gorda, su hijo está entretenido. Que bien aquí salen todos ganando, el padre, la rubia y el bobo.

Great Ocean Road comiendo Fish&Chips

Cada vez que lo pienso me dan ganas de llorar, seré estúpida, dejé 2 minutos la habitación abierta, mientras cargaba la moto. ¡Que tonta!. Y ahora, qué…Fuera el viento sigue soplando, miro el parte en mi móvil con conexión 3G, rachas de viento de 40km/h a 50…vaya mañanita que llevo. Subo sobre el lomo de Descubierta y decido llegar a Colac como sea. Y lo hago, dos horas más sin dejar de sufrir el vendaval acompañado de maravillosas gotitas de lluvia que enguarrinan la visera de mi casco cuando salpican las ruedas de los coches y camiones que me adelantan sin piedad. No he pasado de tercera, ni de 60km/h, voy fuera de la moto totalmente. Me duele hasta el alma…y sin tarjetas, espero no tener ningún imprevisto gordo.

El pescado, las patatas y la torta de patata

Como no tengo tarjetas tengo que ahorrar y lo peor es que me vuelvo a acordar de que tengo hambre. Y poco “cash”, decido hacer algo que nunca hago, meterme en un “fish & chips” y por menos de 10 dólares comer y beber agua. El lugar tiene unos cuanto premios, pero no se de qué. El pescado está bajo una enorme capa de rebozo que quito inmediatamente, está rico. Lo de “sin patatas” no lo entienden y me ponen las fritas y otra cosa que parece otro trozo de pescado. Es una masa de patatas frita. Coño, esto es como lo de “pan con pan” (comida de tontos) pero con patatas. Doy buena cuenta y comienza otra vez el suplicio contra el viento y la lluvia por la carretera.

Con Marlene y Stand

Me acuerdo de Stand y Marlene, un matrimonio motorizado que me dieron su dirección, en Colac. Llego hasta este pueblo a 250 km de Melbourne y paro en el MacDonals, ahí se que hay Internet y por si tengo que hacer llamadas por el Viber… Mando un SMS a Marlene y otro a Stand, no tardan en contestar. Me dan cobijo en una hora en su casa. Tienen un perro negro, una casa grande, dos coches y una caravana, ¡dentro hay cinco motos! ¡Me gusta!
Me atienden, Marlene me da un abrazo y me dice que no me preocupe cuando les cuento lo sucedido, me echo a llorar. Me abraza de nuevo y me pregunta que cuanto tiempo llevo fuera de casa, 5 meses…claro, no me extraña que llores, ¿hace cuanto que no te abrazaban? Me pregunta. Mucho, contesto y vuelvo a llorar.

Cenando en familia

Cuando se me pasa, me enseñan mi habitación y me invitan a que me quede el tiempo que quiera, son amorosos. Stand trabaja con guías de educación de pequeños, Marlene me cuanta sus aventuras en moto mientras prepara una cena. Hay de todo, verduras, cordero, pan, aperitivos aceitunas y vino. Entre las dos nos terminamos dos botellas. ¡A dormir calentita!

La moto campeona y su piloto

Al día siguiente es sábado, amanece lloviendo y con más viento que ayer. Marlene me pide que me quede, acepto encantada. Nos vamos a ver a su cuñado, la hermana de Stand murió. Es un hombre que vive en medio del campo, con cinco perros, le fata una oreja, está cuadrado y tiene 75 años. Alucinante, además tiene cuatro Triumph las arranca todas y lo hacen a la primera pese a las telarañas que las cubren. También tiene unas motos con side. Una lleva el numero 1. Se lo que significa, esa moto ha sido la ganadora de un campeonato alguna vez. Me intereso, me cuanta que él corría y ganaba. Me enseña fotos en un circuito de velocidad de tierra. ¡¡Que gente tan increíble!!

Arrancan a la primera!

Nos vamos en coche, sigue haciendo un tiempo de perros y me llevan a un parque natural. Tardamos 3h en llegar (aquí no tienen prisa nunca, como todo es tan grande, están acostumbrados) El paisaje es increíble, bosque, piedras, riscos, niebla, unas vistas alucinantes desde lo alto. No vamos a hacer el trekking de dos horas que hay, hace mucho frío. Después bajamos la montaña, Marlene ha preparado un picnic Comemos sándwich y volvemos al coche, ahora vamos a ir a un centro de aborígenes. Escuchamos el Dijiridoo.

Recorte del periódico local

La vuelta la hago dormida, muchas cosas en poco tiempo. Mañana me voy. Me levanto y está diluviando, Marlene me dice que me quede, pero quiero llegar a Melbourne y solucionar lo de mis tarjetas. Son encantadores, he pasado un fin de semana increíble. Me han hecho una entrevista que saldrá en el periódico local. Me han presentado a sus amigos. Nunca lo olvidaré.

Por fin! mis tarjetas, gracias ASM

Llego a Melbourne cayendo la del pulpo y pensando en lo amables que han sido conmigo. Estoy muy agradecida. Es domingo, el lunes llegan mis nuevas tarjetas. Gracias a un robo he vivido dos increíbles días con gente estupenda. En Melbourne me esperan mis amigos, Phill, Ben y Michel, el dueño del loft en el que vivo, estoy teniendo mucha suerte. Este viaje en solitario me gusta, pero me gusta por que no estoy sola. Paradoja. Cuando estoy sobre la moto en el camino no me importa, soy feliz, disfruto con el viento, los olores, los colores, el paisaje… pero cenar sola, comer sola, desayunar sola y contarme las penas sola, me da pereza. Menos mal que al día siguiente llegaron las tarjetas, gracias a ASM, uno de mis patrocinadores, todo efectividad!

La Great Ocean Road, me ha sorprendido, en todos los aspectos, no ha dejado ni uno sin alterar

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