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Miércoles, 24 de Octubre de 2012 19:22

La llegada a tierras Mexicanas

Tras el paso por el museo Dalí en Tampa, en la ciudad de San Petesburg y su breve estancia en Nueva Orleans, la periodista española a lomos de su BMW F650 GS, Descubierta, emprende una nueva aventura en el continente Suramericano.

Lunes, 08 de Octubre de 2012 19:09

La región donde no hay estrellas.

Los encuentros interesantes en esta región del norte del continente americano se están empezando a realizar. Hace unos días la periodista se entrevistaba con el famoso “bicilown”, Álvaro Neil, un español de Oviedo que en 2001 renunció a su trabajo en la notaria y decidió cambiar kilómetros por sonrisas. Desde entonces no se ha bajado de su bici dando su particular vuelta por el Mundo.

Alicia Sornosa continúa su vuelta al Mundo en su BMW F 650 GS y ahora nos envía este video resumen de la que ha sido hasta este momento la última etapa realizada.

Le hemos pedido que nos envie más videos pero dice que casi no tiene tiempo de editarlos pues no para de rodar. Además, añade, no hay muchos sitios que dispongan de Internet.

Pues adelante !! que ya te queda menos.

Lunes, 08 de Octubre de 2012 19:09

El Golden Gate y la ciudad de la niebla.

La periodista y viajera, Alicia Sornosa, junto con su montura, una BMW F 650 GS, han llegado a la ciudad de San Francisco, al norte de Los Ángeles en el libertino estado de California.

Martes, 23 de Julio de 2013 11:07

National Geografic y Alicia Sornosa

Con motivo de la Vuelta al Mundo en su BMW F650GS, tras estar un año y medio recorriendo los cinco continentes, la periodista española fue invitada a ofrecer su conferencia en una de las salas con más renombre en el mundo de la exploración, los viajes y la aventura.

Alicia nos deleitó en una conferencia el jueves pasado en National Geografic de Madrid,  con una asistencia de más de 90 personas, que llenaron el pequeño auditorio y tuvieron que acomodarse en escaleras y balcón.  Como siempre, la embajadora de BMW Motorrad, nos habló de su viaje, de las costumbres de otos países y de tantos paisajes vistos. Para romper el hielo proyectó un bonito video-resumen de la vuelta al mundo y más adelante nos hizo viajar con sus fotos de todos los continentes.
Además, tras la exposición se abrió un aminado coloquio en el que participaron desde personas de más de cincuenta años hasta jóvenes de menos de catorce.
La periodista respondió con simpatía a todas las preguntas, quedándose tras la exposición un buen rato para hacerse fotos con los interesados en ello, como siempre derrochando buen humor y regalando sonrisas a diestro y siniestro.

Para rematar, presentó a Jolandie Rust, una motoaventurera que pretende ser la primera mujer en rodear Africa en moto, recién llegada de Johannesburgo en su BMW 650 GS Dakar y a Gustavo Cuervo, el experimentado viajero y escritor, que gustó de acompañar a Alicia en su conferencia.
Y como no, avanzó a todos los asistentes cómo va a ser el nuevo programa que se estrenará esta temporada en una importante televisión nacional.

Tras las entrevistas a los medios de comunicación que allí se congregaron, Alicia dejó a su BMW F 650 GS, “Descubierta”, en la exposición de la tienda hasta el día siguiente, por expreso deseo de la responsable de la tienda de Gran Via.

Así la aventurera continúa con su gira de conferencias y charlas,  contando cual es su particular y única visión de un viaje en moto por el Planeta Tierra, ofreciendo otra de sus interesantes conferencias.

 

La periodista Alicia Sornosa y el escritor Miquel Silvestre entran en la isla neoyorkina de Manhattan y terminan la vuelta al mundo juntos, tal y como la empezaron en septiembre del 2011 cuando salieron del evento BMW Riders de 2011 en Formigal. Tras culminar en Alaska el proyecto personal de Silvestre, la Ruta Exploradores Olvidados (REO), a Alicia le quedaba pendiente cruzar Norteamérica para llegar al extremo continental y convertirse en la primera española en circunnavegar el planeta en moto.

Los viajes en motocicleta son sinónimo de libertad. Libertad de salir, de parar, de seguir o de desviarse. Libertad de juntarse, de separarse y de reencontrarse. Y esto es lo que han hecho los protagonistas de esta aventura. Dos BMW. Miquel y Alicia, Alicia y Miquel. Por separado o juntos, estos viajeros no han dejado de sorprender, de conmover y de trabajar. De los miles de kilómetros recorridos a lo largo del último año queda un impresionante legado de reportajes, fotografías y vídeos que permiten documentar los cinco continentes.

La aventura comenzó en Alejandría. Egipto, Sudán, Etiopia y Kenia ofrecieron el colorido africano. De Nairobi volaron a Bombay. Tras cruzar de costa a costa el caos circulatorio de la India, separaron sus caminos en Madrás. Alicia embarcó hacia Australia y Miquel se dirigió por tierra hasta Nepal. Tailandia, Malasia, Indonesia fueron los pasos previos para convertirse en el primer español en llegar a Filipinas en moto. Por su parte, Alicia aprendía a manejarse sola en Oceanía recorriendo el suroeste de la Terra Australis y la Isla de Tasmania. De Melbourne voló a Los Ángeles y puso rumbo hacia Vancouver.

Allí llegó Miquel desde Manila y se encontró con una viajera curtida que no se arredró a la hora de viajar sola hasta Alaska mientras él atendía compromisos en Canadá. Reencontrados en el pequeño pueblo de Tok, emprendieron juntos de nuevo la que sería la gran aventura americana: llegar a Inuvik, en el Círculo Polar Ártico, tras recorrer una pista de grava de más de 700 kilómetros. Tras eso, Valdez, donde se completó la Ruta Exploradores Olvidados junto a otros dos viajeros españoles: Domingo Ortego y Fernando Quemada. Con los deberes hechos, tocaba emprender el largo camino al Este.


Unas veces juntos y otras separados, fueron quemando etapas: Sturgis, Chicago, Toronto… y finalmente, Nueva York, la capital del mundo, perfecta metáfora del logro conseguido. Desde la Gran Manzana, ambos volarán a España para atender sus respectivos compromisos, la intervención de Alicia Sornosa el 7 de septiembre, en el Evento BMW Riders 2012 de Formigal donde se proyectarán sendos documentales: uno será el resumen del histórico viaje de la primera española en completar la vuelta al mundo y el otro el apoteósico culmen de la REO. Será recibido en Tres Cantos el día 15 del mismo mes.

Pero esto no será el final de sus caminos pues ambos pondrán proa a Sudamérica para iniciar una nueva aventura. ¿Juntos o separados? El destino lo decidirá porque los viajes en moto son sinónimos de libertad. De libertad de arrancar, de parar, de juntarse o de separarse. Sea como sea, seguro que será tan interesante seguirlos en su ruta panamericana como lo ha sido hacerlo en su vuelta al mundo.

 

 

 

 

Informacion adicional

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Lunes, 08 de Octubre de 2012 19:09

Tok (Alaska), 18 de Junio de 2012

La llegada a Alaska.

Informacion adicional

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¡¡Me han robado!!!

¡Me habían robado!, llegué agotada a la gasolinera y eso que solo llevaba dos horas conduciendo, pero dos horas luchando contra el vendaval: la moto de lado, yo medio fuera y cada vez que me adelantaba o pasaba en contradirección un camión de estos con sus 10 ruedas, la moto me daba banzazos hasta estabilizarse, ¡que cansancio! Pero tenía que llegar a Colac al menos, es la mitad del camino de los 500 km hasta Melbourne. Lo único bueno, volví a pensar, es que no llueve como ayer.

Por el camino a Colac

Paré en una gasolinera de un pequeño pueblo. Todo era como de una película de Almodóvar, pero a la australiana. Los surtidores de dos colores, rojo y negro. Busco el octanaje pero no lo veo. Supongo que el negro es diésel, pero quiero saber qué tipo de gasolina voy a echar a Descubierta. Llega un señor en una camioneta pick up (todos usan esas camionetas allí, observo) es un tipo alto, con la cara curtidísima, le faltan dos dientes, le pregunto por el octanaje y no me entiende, yo a él, tampoco, le doy las gracias, me mira extrañado y yo a él. Segunda intentona con otro tipo de las mismas características, pienso que falta un buen dentista en esta zona. Nada, al final, por puro aburrimiento, echo la gasolina que sale del tubo rojo, peor que lo que ha bebido Descubierta en África, no va a ser, me digo.

Entro en la pequeña tienda de la gasolinera. Tiene un microondas y un muestrario de rollos y salchichas grasientas. Huele a comida, a pizza y eso también me recuerda que solo llevo un calfelín en el cuerpo, debería comer. Cuando voy en ruta no me acuerdo ni del hambre. Espero mi turno mientras observo, un hombre grande, con el pelo rubio y barba, pintas de mecánico, debe ser el dueño, que trabaja en el taller pegado a la tiendecita. Un chico joven, grandón y con una sonrisilla absurda en la cara. No quita ojo a la cajera, una chica rubia y delgada que esconde su trozo de pizza cuando se acerca el cliente.

En el camino 2

Me toca, la rubia me sonríe, me dice el precio en un inglés indescifrable, menos mal que puedo pagar con la tarjeta y no me tengo que poner a contar billetes. Pero, no encuentro las tarjetas, me las he dejado en la moto? Que raro, en el TOP Case no suelo llevar el dinero. Pido disculpas y salgo, busco, no encuentro, me vuelvo a remirar los bolsillos, el monedero…nada. La cara de alegría se me va transformando en cara de cabreo, ¿donde lo habré puesto? Vuelta a mirar en la moto, en la bolsa amarilla de la ropa, en el sobredepósito. Nada. NADA.

Vuelvo a la tienda con los ojos a puntito de explotar en lágrimas, ME HAN ROBADO, joder, joder y joder, el puto pueblo de las señoras con mostacho!! Pero cuando…?
Pido disculpas por enésima vez y además, ayuda. Se apiadan de mi cuando saco unos billetes y pago mis litros de “nafta”. El chico joven sigue con esa sonrisa estúpida en la cara y yo pensado que me han robado. Por Dios, no te sonrías, estoy a miles de kilómetros de mi banco y no tengo más dinero que el que escondo para emergencias en mi chaqueta. El pollo sigue sonriendo, me mira, mira a su padre, mira a la rubia…sonríe.

Les pido que llamen al hostel, hay un contestador y hasta las cuatro de la tarde no abren la recepcción, que raro, les dejo un mensaje con lo que me ha pasado en susodicho contestador. Siguiente paso, llamar a Visa, menos mal que tiene un numero gratuito y me atienden, a la media hora de estar colgada del teléfono y con la oreja ardiendo, pero en español. Mientras ya se de qué va el muchacho, es un poco bobo, va detrás de la rubia, le lleva regalitos absurdos mientras mira de reojo al padre. La rubia lo aguanta por no perder el trabajo, él es inofensivo y el padre hace la vista gorda, su hijo está entretenido. Que bien aquí salen todos ganando, el padre, la rubia y el bobo.

Great Ocean Road comiendo Fish&Chips

Cada vez que lo pienso me dan ganas de llorar, seré estúpida, dejé 2 minutos la habitación abierta, mientras cargaba la moto. ¡Que tonta!. Y ahora, qué…Fuera el viento sigue soplando, miro el parte en mi móvil con conexión 3G, rachas de viento de 40km/h a 50…vaya mañanita que llevo. Subo sobre el lomo de Descubierta y decido llegar a Colac como sea. Y lo hago, dos horas más sin dejar de sufrir el vendaval acompañado de maravillosas gotitas de lluvia que enguarrinan la visera de mi casco cuando salpican las ruedas de los coches y camiones que me adelantan sin piedad. No he pasado de tercera, ni de 60km/h, voy fuera de la moto totalmente. Me duele hasta el alma…y sin tarjetas, espero no tener ningún imprevisto gordo.

El pescado, las patatas y la torta de patata

Como no tengo tarjetas tengo que ahorrar y lo peor es que me vuelvo a acordar de que tengo hambre. Y poco “cash”, decido hacer algo que nunca hago, meterme en un “fish & chips” y por menos de 10 dólares comer y beber agua. El lugar tiene unos cuanto premios, pero no se de qué. El pescado está bajo una enorme capa de rebozo que quito inmediatamente, está rico. Lo de “sin patatas” no lo entienden y me ponen las fritas y otra cosa que parece otro trozo de pescado. Es una masa de patatas frita. Coño, esto es como lo de “pan con pan” (comida de tontos) pero con patatas. Doy buena cuenta y comienza otra vez el suplicio contra el viento y la lluvia por la carretera.

Con Marlene y Stand

Me acuerdo de Stand y Marlene, un matrimonio motorizado que me dieron su dirección, en Colac. Llego hasta este pueblo a 250 km de Melbourne y paro en el MacDonals, ahí se que hay Internet y por si tengo que hacer llamadas por el Viber… Mando un SMS a Marlene y otro a Stand, no tardan en contestar. Me dan cobijo en una hora en su casa. Tienen un perro negro, una casa grande, dos coches y una caravana, ¡dentro hay cinco motos! ¡Me gusta!
Me atienden, Marlene me da un abrazo y me dice que no me preocupe cuando les cuento lo sucedido, me echo a llorar. Me abraza de nuevo y me pregunta que cuanto tiempo llevo fuera de casa, 5 meses…claro, no me extraña que llores, ¿hace cuanto que no te abrazaban? Me pregunta. Mucho, contesto y vuelvo a llorar.

Cenando en familia

Cuando se me pasa, me enseñan mi habitación y me invitan a que me quede el tiempo que quiera, son amorosos. Stand trabaja con guías de educación de pequeños, Marlene me cuanta sus aventuras en moto mientras prepara una cena. Hay de todo, verduras, cordero, pan, aperitivos aceitunas y vino. Entre las dos nos terminamos dos botellas. ¡A dormir calentita!

La moto campeona y su piloto

Al día siguiente es sábado, amanece lloviendo y con más viento que ayer. Marlene me pide que me quede, acepto encantada. Nos vamos a ver a su cuñado, la hermana de Stand murió. Es un hombre que vive en medio del campo, con cinco perros, le fata una oreja, está cuadrado y tiene 75 años. Alucinante, además tiene cuatro Triumph las arranca todas y lo hacen a la primera pese a las telarañas que las cubren. También tiene unas motos con side. Una lleva el numero 1. Se lo que significa, esa moto ha sido la ganadora de un campeonato alguna vez. Me intereso, me cuanta que él corría y ganaba. Me enseña fotos en un circuito de velocidad de tierra. ¡¡Que gente tan increíble!!

Arrancan a la primera!

Nos vamos en coche, sigue haciendo un tiempo de perros y me llevan a un parque natural. Tardamos 3h en llegar (aquí no tienen prisa nunca, como todo es tan grande, están acostumbrados) El paisaje es increíble, bosque, piedras, riscos, niebla, unas vistas alucinantes desde lo alto. No vamos a hacer el trekking de dos horas que hay, hace mucho frío. Después bajamos la montaña, Marlene ha preparado un picnic Comemos sándwich y volvemos al coche, ahora vamos a ir a un centro de aborígenes. Escuchamos el Dijiridoo.

Recorte del periódico local

La vuelta la hago dormida, muchas cosas en poco tiempo. Mañana me voy. Me levanto y está diluviando, Marlene me dice que me quede, pero quiero llegar a Melbourne y solucionar lo de mis tarjetas. Son encantadores, he pasado un fin de semana increíble. Me han hecho una entrevista que saldrá en el periódico local. Me han presentado a sus amigos. Nunca lo olvidaré.

Por fin! mis tarjetas, gracias ASM

Llego a Melbourne cayendo la del pulpo y pensando en lo amables que han sido conmigo. Estoy muy agradecida. Es domingo, el lunes llegan mis nuevas tarjetas. Gracias a un robo he vivido dos increíbles días con gente estupenda. En Melbourne me esperan mis amigos, Phill, Ben y Michel, el dueño del loft en el que vivo, estoy teniendo mucha suerte. Este viaje en solitario me gusta, pero me gusta por que no estoy sola. Paradoja. Cuando estoy sobre la moto en el camino no me importa, soy feliz, disfruto con el viento, los olores, los colores, el paisaje… pero cenar sola, comer sola, desayunar sola y contarme las penas sola, me da pereza. Menos mal que al día siguiente llegaron las tarjetas, gracias a ASM, uno de mis patrocinadores, todo efectividad!

La Great Ocean Road, me ha sorprendido, en todos los aspectos, no ha dejado ni uno sin alterar

Informacion adicional

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 La periodista Alicia Sornosa y el escritor Miquel Silvestre entran en la isla neoyorkina de Manhattan y terminan la vuelta al mundo juntos, tal y como la empezaron en septiembre del 2011 cuando salieron del evento BMW Riders de 2011 en Formigal. Tras culminar en Alaska el proyecto personal de Silvestre, la Ruta Exploradores Olvidados (REO), a Alicia le quedaba pendiente cruzar Norteamérica para llegar al extremo continental y convertirse en la primera española en circunnavegar el planeta en moto.

Miércoles, 12 de Diciembre de 2012 22:48

Alicia Sornosa: el dia que salí de Cali. (UFF!!)

En el Taller de Nando, apretamos la cadena y endurecimos la precarga de la direccción (ahora no llego casi al suelo, lo que me está dando problemillas).

En la primera gasolinera rellené el tanque y me dispuse a disfrutar de unas largas rectas entre campos de caña y maíz. Precioso, el sol lucía y en mi casco escuchaba a Radio Head. Pero antes de llegar a Popayán comenzaron a suceder cosas. Tal vez por que iba pensando en nada, tal vez por que no escuchaba un abejorro ensordecedor delante, o detrás. Tal vez … la cuestión es que de pronto la carretera estaba cortada, una larga hilera de autobuses uno detrás de otro esperaban pacientes a poder continuar por su carril, parecían elefantes atados de trompa a cola, gigantescos, impasibles, mientras las pequeñas motos como avispas zumbaban entre ellos, avanzando paralelas a la ristra de elefantes esperando su turno. Yo no iba a ser menos avispa, y aunque más bien parezco una abeja cargada de polen, subí la carretera al lado de los gigantes, varios kilómetros de atasco.


De pronto se confunden los que suben con los que bajan y la carretera se colapsa. No queda asfalto para continuar subiendo, pero miro a mi derecha y veo que el arcén de hierba está despejado. Ante la atónita mirada del vendedor de maíz asado, paso y acelero, en un momento estoy 300 metros por delante del tapón. Paro a preguntar qué es lo que está pasando:
” Los indigenas, que se quejan al gobierno han tapado la carretera atravesando unas mulas (camiones) y poniendo piedras para que no pasemos", me comenta un conductor de camión con brakets en los dientes y una divertida sonrisa; ahí nadie está enfadado. Pregunto si tienen razón, si esas tierras que reclaman los indios son de ellos…nadie me contesta con claridad, tienen miedo a decir lo que piensan.

Continúo entre los camiones, vendedores ambulantes que hacen de esta protesta su pequeño día de negocio.
"llevamos aquí desde las siete de la mañana (son las once), y no nos hemos movido aún, te vá a tocar esperar", me dice otro al paso lento de mi Descubierta.
Por fin y tras casi atropellar a unos cuantos despistados por el verde arcén, llego a primera línea donde un policía levanta la mano y me hace la señal de “pare”. Me miran con curiosidad y me preguntan que dónde voy. El enjambre de motos-avispa está deseando salir zumbando. Tras unos minutos, por fin, un policía se sube a otra de las avispas con una luz azul y dice que le sigamos. Comenzamos a subir el puerto esquivando hogueras y piedras, el poli no pasa de 60 km/h, todos estamos impacientes por adelantarle, miro por el retrovisor y los camiones-elefante se acercan poco a poco. Al rato, todos empiezan a adelantar al poli, yo: “donde fueres haz lo que vieres” y le dejo allí hasta que desaparece de mi espejo.

Cuando creo que ya ha terminado todo me encuentro de nuevo en otra “emboscada”: furgonetas blindadas del ejército, unas con una pala a modo de quita-nieves, otras llenas de soldados. Me vuelven a detener y me piden (de no muy buenos modos) que me orille. Yo refunfuño diciendo entre dientes que mi abeja cargada de polen no es tan fácil de mover como las nerviosas avispas. grrrr. Me echo a un lado y veo como trabaja la pala quita-nieves que se ha convertido en pala quita-piedras gigantes. Al rato, volvemos a salir. A los pocos metros, otro obstáculo más. Esta vez es un enorme trailer con las ruedas, las doce, pinchadas, entre un hueco y otro, consigo que con la ayuda de un policía, que mi moto pase sin atascarse. Le pregunto que si hay más barricadas, me dice que ésta era la última; al preguntar de nuevo por el tema estrella “las tierras que reclaman los indígenas” obtengo una sonrisa por respuesta.


Entre hogueras, piedras sueltas y barro seco continúo subiendo el puerto. Las casas de colores, los gallos y gallinas en el arcén, los campos de cultivo en escalera, el verde y las palemras me recuerdan a los puertos etíopes. De pronto un cartel que avisa que el firme no es muy firme, me pone en alerta, toca hacer off road, cada 300 metros el asfalto desaparece durante otros tantos metros. Otros, hay escalones invisibles que me hacen cerrar la boca de golpe, otros son agujeros profundos como pozos. Así, entretenida voy haciendo kilómetros.

Llego a Popayan y le digo a mi fiel GPS que me lleve a ver la catedral, pero está tan despistado como yo y me mete por un barrio humilde, con callejuelas con “topes” que cada vez que paso sobre ellos y oigo el “clon” del guarda-cárter me da una rabia.. Al final, una calle que según GPS tiene salida, está cortada. Tengo que dar la vuelta, aprovecho una rampa de azulejos y…plas! al suelo. Ahora con la suspensión más dura va muy bien, pero no llego al suelo y si hay una inclinación del suelo… Pido ayuda a unos muchachos que no me hacen ni caso y un señor de una casa, en calzoncillos, sale para ayudarme. Me dice que me vaya de ahí, que me pueden robar (ja! a quien se lleve mi moto sin caerse, le doy un premio, pienso descarada para mis adentros). He perdido mucho tiempo, ya no veo la catedral y me voy rumbo a Pasto.
Tras subir y bajar otros pequeños puertos llego a un peaje, Lo bueno de Colombia es que las motos no paga; lo malo, es que hay que pasar por un estrecho pasillo entre muretes. Ya lo veía yo viendo desde hace unos días y como hoy tengo el día tonto que echo de menos al abejorro veloz que me acompaña, voy escuchando a Rafio Head y estoy en fase de “tal vez”, pues me despisto y una de las maletas golpea a mi paso contra el muro , me atasco y se me cae la moto hacia la derecha. La pierna se queda atrapada, pero no mucho, gracias a mis maletas de SW-Motech que me montó 2TMoto, el hueco es suficiente para que no me aplaste. Pido ayuda a los de la garita del peaje que hacen caso omiso. Al final viene un chico hablando por el móvil, tranquilamente.
  Oye, le digo, que tengo la pierna aplastada, ayuda hombre!;   deja el móvil.
El viene tranquilo, cuelga, sonrie y me ayuda a desencajar la moto a la vez que me dice:
"despasio, que ahí se puede volver a dar usté".
Pues nada, continúo camino y veo como en una hora no queda sol. Me paran los militares tras una hora de curvas. Parece que por fin llegan las rectas, estoy en un llano, pero esto está alto (lo sé por los árboles).
-"De donde viene usté?
_De España_
_Cuánto tiempo lleva en la moto?
_Un año y dos meses_
_¿Va sola? He visto otras motos como ésta pero siempre varias juntas, nunca una mujer sola ... ¿No tiene miedo?
_Si, voy sola, no, no tengo miedo, ¿No están ustedes para protegerme en el camino? pues eso, de miedo nada.
El militar satisfecho por el cumplido me deja ir, no quiero que se me haga de noche, pero va a ser inevitable.
Y de nuevo comienzo a subir un puerto, la noche se abalanza unos minutos antes sobre el paisaje gracias a unas nubes negras que comienzan a descargar. Menos mal que llevo el traje de agua encima, que ya me lo imaginaba yo esto. Sigo escuchando a Radio Head (debo llevar mil veces escuchado este LP) sigo pensando en el abejorro que no aparece por ningún lado ya. Sigo con mis tal vez en la cabeza.
Subo, bajo, subo y bajo, curva cerrada a la derecha, a la izquierda, curva tipo rotonda, curva de tercera amplia…voy mirando el GPS que de ponto le dá por apagarse y encenderse solo. Mi media es de 40 km/h, adelanto a los camiones que durante unos segundos alumbran mi camino, está todo muy oscuro, presiento las enormes piedras que flanquean el camino. Veo unas luciérnagas ¿rojas?, no; son los ojos de un perro que pasa silbando a mi lado, ufff, no veo un pimiento y si voy más despacio, me caeré por falta de velocidad…aún me quedan 75 km de curvas, esto es inacabable.
Pero todo se puede complicar más, mucho más. Entro dentro de una nube. Lo que me faltaba, niebla.
Me pongo de pie y así veo mejor, curva, camión, curva, negrura y más curva. Algunas tienen pintada la linea amarilla en medio de la calzada, la cual sigo como un topo. Otras nada. A veces los camiones me alumbran, otras me deslumbran. La niebla me hace ser un topo (esto ya lo era antes) pero con cataratas. Así que yo, el topo con cataratas subida en una abeja con las patas llenas de polen, avanzamos lentamente hasta que por arte de magia, salimos de la nube. Una vez en tierra firme y ayudada por el reflejo en el suelo empapado de mi luz y de las reflectantes señales veo Pasto, al fondo, lleno de luces en una ladera al lado del volcán que aún está activo.
Pregunto la dirección a la que voy y el mensajero (que se saben todas las calles) se ofrece a que le siga. En unos minutos estoy delante de la casa de las personas que me acogen hoy.Ttengo que subir la moto a la rampa y ... pataplás, otra vez en el suelo, jajaja, han sido tres, hoy tres…pero creo que o me crecen las piernas, o esto es el comienzo de una nueva costumbre en mi: besar el suelo allá donde voy.

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